Según CIE11 (Clasificación internacional de enfermedades, undécima versión) el trastorno del espectro autista se caracteriza por deficiencias persistentes en la capacidad de iniciar y mantener la interacción social recíproca y la comunicación social, y por una gama de patrones de comportamiento e intereses restringidos, repetitivos e inflexibles. El inicio del trastorno ocurre durante el período de desarrollo, generalmente en la primera infancia, pero los síntomas pueden no manifestarse completamente hasta más tarde, cuando las demandas sociales superan las capacidades limitadas. Los déficits son lo suficientemente graves como para causar un deterioro en las áreas de funcionamiento personales, familiares, sociales, educacionales, ocupacionales u otras áreas importantes de funcionamiento y, por lo general, son una característica generalizada del funcionamiento del individuo observable en todos los entornos, aunque pueden variar según el nivel social, educativo u contexto. Los individuos a lo largo del espectro exhiben una gama completa de funciones intelectuales y de lenguaje.

Según DSM-5 (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, el autismo se caracteriza por retraso o alteraciones del funcionamiento antes de los tres años de edad en una o más de las siguientes esferas: interacción social y comunicación; patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidos, repetitivos y estereotipados.